Refuerzo y reeducación pedagógica: ¿Qué necesita tu hijo?
«Necesita refuerzo».
Es una frase que escuchamos muchísimo, especialmente cuando empieza el curso.
Un niño tiene dificultades con las matemáticas, le cuesta leer, tarda muchísimo con los deberes o el curso anterior terminó con algunas asignaturas flojas y la primera respuesta suele ser buscar clases de apoyo.
Y a veces, efectivamente, el refuerzo es exactamente lo que necesita.
Pero otras veces no.
Porque refuerzo escolar y reeducación pedagógica no son lo mismo. Y cuando una dificultad se mantiene en el tiempo, hacer más ejercicios, más deberes o repetir una y otra vez lo mismo que ya hace en clase puede no resolver lo que realmente está ocurriendo.
La pregunta no debería ser únicamente:
«¿Necesita apoyo?»
Sino:
«¿Para qué necesita ese apoyo?»
¿Qué entendemos por refuerzo escolar?
El refuerzo escolar está dirigido principalmente a consolidar aprendizajes y contenidos académicos.
Imaginemos, por ejemplo, un niño al que le cuestan las divisiones.
Quizá necesita practicar más, revisar algún contenido anterior que no terminó de consolidar o trabajar con más calma aquello que en clase se ha explicado a un ritmo que no ha podido seguir.
Ahí el refuerzo tiene mucho sentido.
También puede ser útil para organizar tareas, adquirir una rutina de trabajo, resolver dudas o acompañar al alumno mientras gana autonomía.
Y no tiene por qué hacerse siempre de manera individual.
Cuando las necesidades son compatibles, un grupo reducido de refuerzo puede funcionar muy bien.
Los alumnos pueden trabajar contenidos diferentes, aprender a organizarse, preguntar cuando lo necesitan y, poco a poco, necesitar menos ayuda del adulto.
El objetivo no es tener a alguien sentado permanentemente al lado diciéndoles qué hacer.
Es precisamente ir consiguiendo que puedan hacerlo cada vez con mayor autonomía.
¿Y qué es una reeducación pedagógica?
Aquí cambia el punto de partida.
En una reeducación pedagógica no nos centramos únicamente en el contenido que al niño le cuesta.
Nos preguntamos qué está interfiriendo en su aprendizaje.
Porque imaginemos ahora otro caso.
Un niño lleva tiempo teniendo dificultades para leer. Lee despacio, comete errores, evita hacerlo siempre que puede y comprender un texto le supone muchísimo esfuerzo porque buena parte de sus recursos están puestos simplemente en conseguir leer las palabras.
Podríamos darle más textos.
Y más.
Y más.
Pero antes deberíamos preguntarnos:
¿Por qué le está costando tanto leer?
Ahí no hablamos simplemente de reforzar Lengua.
Necesitamos una intervención ajustada a la dificultad que presenta ese alumno.
Eso es lo que cambia cuando hablamos de refuerzo escolar y reeducación.
Hacer más no siempre significa avanzar más
Esta idea para mí es especialmente importante.
Cuando algo cuesta, tendemos a pensar que hay que practicarlo muchísimo.
Y sí, la práctica es necesaria para aprender.
Pero solo cuando estamos practicando de una manera adecuada y trabajando aquello que realmente necesita mejorar.
Si un niño lleva meses haciendo dictados y continúa cometiendo los mismos errores, quizá la respuesta no sea hacer otros veinte dictados.
Si sigue teniendo enormes dificultades para automatizar determinados aprendizajes matemáticos, quizá necesitemos entender qué está ocurriendo antes de poner otra ficha delante.
Si tarda dos horas en hacer deberes que podría realizar en mucho menos tiempo porque no consigue organizarse, mantener la atención o saber por dónde empezar, quizá el problema tampoco sea que necesite «hacer más deberes».
En determinados casos necesitamos dejar de mirar solamente el resultado que vemos y empezar a analizar el proceso que hay detrás.
En una reeducación no hacemos simplemente los deberes de clase
Esta es otra diferencia importante.
Una sesión individual de reeducación pedagógica no debería convertirse en una hora para terminar los deberes que han quedado pendientes.
Podemos utilizar contenidos escolares cuando tienen sentido, por supuesto.
Pero el objetivo de la intervención es otro.
Dependiendo de las necesidades del niño podemos trabajar procesos relacionados con la lectoescritura, el razonamiento, la planificación, las funciones ejecutivas, la atención, las estrategias para enfrentarse a una tarea o determinadas dificultades específicas de aprendizaje.
Y esto requiere adaptar la intervención.
Observar cómo responde el niño.
Cambiar una estrategia cuando no funciona.
Buscar otra vía.
Comprobar qué está empezando a automatizar y qué sigue suponiéndole mucho esfuerzo.
Por eso el trabajo individual tiene sentido cuando necesitamos intervenir de manera específica sobre su forma de aprender, y no solamente repasar un contenido académico.
Refuerzo escolar y reeducación: dos ejemplos muy diferentes
Pensemos en dos alumnos de la misma edad que llegan diciendo exactamente lo mismo:
«Me cuestan mucho las matemáticas».
El primero ha empezado el curso con algunas lagunas del anterior. Cuando le explicas un procedimiento despacio, lo entiende. Con práctica mejora y cada vez necesita menos ayuda.
Probablemente el refuerzo pueda darle ese acompañamiento que necesita.
El segundo lleva varios cursos arrastrando dificultades. Le cuesta comprender cantidades, automatizar hechos numéricos, recordar procedimientos que parecía haber aprendido y necesita muchísimo esfuerzo para tareas que otros alumnos realizan de manera más automática.
Aunque desde fuera ambos casos se llamen «le cuestan las matemáticas», no necesariamente necesitan la misma intervención.
Y podríamos hacer el mismo ejercicio con lectura, escritura, atención o estudio.
Por eso no deberíamos decidir el tipo de apoyo únicamente por la asignatura que peor lleva.
¿Y si todavía no sabemos qué necesita?
Esto ocurre muchísimo.
De hecho, muchas familias llegan a UKEMI precisamente así.
No dicen:
«Mi hijo necesita una reeducación pedagógica».
Dicen:
«No sé qué pasa».
«Este año lo ha pasado fatal con los deberes».
«Lee, pero le cuesta muchísimo».
«Estudia y luego parece que no sabe nada».
«En el colegio nos han recomendado buscar apoyo».
«No sabemos si necesita refuerzo o algo más».
Y está bien empezar desde ahí.
No hace falta que la familia sepa previamente qué tipo de intervención necesita su hijo.
Ese es precisamente uno de los motivos por los que tiene sentido pedir orientación antes de decidir.
Cuando la dificultad lleva tiempo apareciendo
Una dificultad puntual no significa necesariamente que exista un problema de aprendizaje.
Todos los alumnos pueden pasar por contenidos que les cuestan más, tener un trimestre peor o necesitar algo de ayuda en un momento concreto.
Lo que cambia nuestra mirada es cuando vemos que esa dificultad persiste, aparece una y otra vez o empieza a interferir de manera importante en el día a día del niño.
Especialmente cuando ya ha habido apoyo y, aun así, seguimos prácticamente en el mismo punto.
Ahí merece la pena preguntarnos si estamos trabajando sobre la necesidad adecuada.
Porque puede ocurrir que el niño esté esforzándose muchísimo.
Que la familia también esté dedicando horas.
Que haga ejercicios, deberes y repaso.
Y que todos terminen frustrados porque el resultado no corresponde con el esfuerzo realizado.
Más cantidad no siempre es la respuesta.
Entonces, ¿refuerzo escolar o reeducación pedagógica?
No creo que tenga sentido plantearlo como si uno fuera mejor que el otro.
Son respuestas diferentes para necesidades diferentes.
El refuerzo puede ser una opción estupenda cuando necesitamos consolidar contenidos, recuperar aprendizajes, mejorar hábitos de trabajo o ganar autonomía.
La reeducación pedagógica tiene sentido cuando necesitamos una intervención más específica sobre aquellos procesos que están dificultando el aprendizaje.
Y habrá situaciones en las que todavía no tengamos información suficiente para decidir.
En esos casos, primero tendremos que conocer al alumno, escuchar a la familia, valorar la información del colegio y, cuando sea necesario, plantear una valoración más específica.
En UKEMI no empezamos por elegir un servicio
Esto conecta mucho con nuestra forma de trabajar.
Cuando una familia nos contacta, para mí la primera pregunta no es:
«¿Quieres refuerzo o sesiones individuales?»
Es:
«Cuéntame qué está pasando».
Porque detrás de un «le cuesta estudiar» puede haber situaciones completamente diferentes.
Y si queremos que el apoyo realmente sirva para algo, primero tenemos que intentar entender qué necesita ese niño.
Después decidiremos si tiene más sentido un grupo de refuerzo, una intervención individual, una valoración o incluso si, por el momento, lo único que necesitamos es dar algunas pautas y observar cómo evoluciona.
¿No tienes claro qué tipo de apoyo necesita tu hijo?
No tienes que saberlo antes de contactar con nosotros.
Si este curso hay algo que te preocupa de su aprendizaje y no sabes si necesita refuerzo escolar, una reeducación pedagógica o valorar qué está ocurriendo, puedes contarnos vuestro caso.
Explícanos qué estás observando y te orientamos sobre cuál puede ser el siguiente paso.