Altas capacidades: cuando pasan desapercibidas
Cuando hablamos de altas capacidades, todavía aparece con demasiada facilidad la misma imagen.
Un niño que destaca en todo. Que saca buenas notas. Que aprende antes que los demás. Que siempre tiene la respuesta correcta. Que lee muchísimo. Que se comporta fenomenal. Que, además, parece tener que demostrar constantemente que es muy inteligente.
Vamos, prácticamente la perfección absoluta.
Y no.
Las altas capacidades no siempre se ven así.
De hecho, algunos niños pasan desapercibidos precisamente porque no encajan en ese perfil que esperamos encontrar.
Altas capacidades que no encajan con el estereotipo
Una de las frases que todavía escuchamos es:
«Pero si no destaca en todo, ¿cómo va a tener altas capacidades?»
Y ahí está uno de los principales problemas.
Esperamos que un niño con altas capacidades funcione siempre al máximo de su capacidad. En todas las asignaturas. En todas las situaciones. Todos los días.
Como si tener capacidad significara tener que demostrarla constantemente.
Pero estamos hablando de niños.
Pueden estar cansados. Pueden aburrirse. Pueden despistarse. Pueden tener mala letra. Pueden no querer hacer una tarea. Pueden sacar una mala nota.
Y pueden tener una capacidad muy elevada en determinadas áreas mientras presentan dificultades importantes en otras.
Una cosa no elimina automáticamente la otra.
No tienen que destacar en todo
A veces parece que vamos sumando requisitos.
Tiene que aprender muy rápido.
Tiene que leer pronto.
Tiene que tener un vocabulario excelente.
Tiene que sacar sobresalientes.
Tiene que ser autónomo.
Tiene que tener buena memoria.
Tiene que comportarse bien.
Y si falla una pieza de ese puzle imaginario, descartamos las altas capacidades.
Pero una valoración de altas capacidades no debería consistir en comprobar si el niño supera una especie de lista de requisitos.
Tampoco debería reducirse a buscar una única cifra perfecta.
La evaluación tiene sentido cuando nos permite comprender cómo funciona ese niño, cuáles son sus fortalezas, dónde aparecen las dificultades y qué necesidades educativas tiene.
Porque el objetivo no es conseguir una etiqueta.
Es entender mejor al alumno.
Esa riqueza interior que muchas veces no se ve
Hay algo que encontramos en algunos de estos niños y que me resulta especialmente interesante.
Yo suelo llamarlo «mundo interior«.
Son niños que tienen mil ideas en la cabeza.
Que enlazan un pensamiento con otro.
Que hacen preguntas que te obligan a parar antes de contestar.
«¿Qué pasaría si…?»
Y a partir de ahí pueden llevarte bastante lejos 😂.
A veces preguntan por el universo, la muerte, el infinito, el futuro, las injusticias o cuestiones para las que, sinceramente, los adultos tampoco tenemos una respuesta demasiado clara.
Y esto no significa que todos los niños que hacen preguntas profundas tengan altas capacidades ni que todos los niños con altas capacidades sean así.
No buscamos otra lista de requisitos.
Hablamos de comprender el conjunto.
Leer entre líneas también puede pesar
En algunos niños encontramos además una enorme capacidad para percibir lo que está ocurriendo a su alrededor.
No hablamos únicamente de entender las palabras.
Leen entre líneas.
Captan un cambio de tono.
Una tensión entre dos adultos.
Que alguien está hablando de una manera que no corresponde.
Una injusticia.
Una mirada.
Una contradicción entre lo que estamos diciendo y lo que realmente está ocurriendo.
En ocasiones podemos observar esta percepción desde edades muy tempranas. Pero, de nuevo, no es una “prueba” de altas capacidades ni aparece necesariamente en todos los niños.
Lo interesante está en lo que ocurre después.
Porque darse cuenta de muchas cosas no significa tener todavía las herramientas emocionales para gestionarlas.
Un niño puede comprender una situación de una forma muy compleja y seguir teniendo cinco, ocho o diez años.
Entender más no significa poder gestionarlo todo
Esta diferencia me parece fundamental.
Hay niños que perciben situaciones que les afectan muchísimo.
Pueden enfadarse.
Ponerse tristes.
Darle vueltas durante horas a algo que ha ocurrido.
Preocuparse por cuestiones que sorprenden a los adultos.
O explotar después en casa.
Y entonces aparece otra frase bastante habitual:
«Pues en el colegio está fenomenal».
Claro.
Porque muchas veces la explosión llega precisamente donde el niño se siente seguro.
Ha pasado horas observando, entendiendo, adaptándose o conteniéndose y, cuando llega al espacio en el que puede bajar la guardia, aparece todo lo demás.
Por eso debemos tener cuidado también con convertir las altas capacidades en una expectativa emocional:
«Como entiende tanto, debería saber gestionarlo».
No necesariamente.
Puede comprender muchísimo y necesitar igualmente acompañamiento para gestionar lo que siente.
Cuando aprender pronto se convierte en una exigencia
Hay otra situación que vemos y que me preocupa especialmente.
Descubrimos que un niño de dos o tres años reconoce letras.
Y automáticamente pensamos:
«Pues vamos a enseñarle a leer».
¿Y si no quiere?
¿Y si en ese momento lo que necesita es jugar?
A veces, cuando los adultos detectamos capacidad, empezamos a exigir rendimiento.
Si puede hacerlo, parece que tiene que hacerlo.
Y algunos niños terminan protegiéndose de esa expectativa.
Dejan de mostrar lo que saben.
Dicen que no saben hacer algo que ya habían hecho.
Evitan destacar.
Porque han aprendido muy rápido que, cada vez que muestran una capacidad, aparece una nueva exigencia.
Detectar una capacidad debería servirnos para ofrecer oportunidades.
No para convertirla en una obligación.
Altas capacidades y dificultades de aprendizaje pueden coexistir
Este es otro motivo por el que algunos alumnos pasan desapercibidos.
Un niño puede tener altas capacidades y TDAH.
Puede tener altas capacidades y dislexia.
Puede existir una dificultad de aprendizaje junto a una capacidad intelectual elevada.
Esto se conoce habitualmente como doble excepcionalidad, y uno de los problemas es que ambas realidades pueden llegar a enmascararse entre sí.
La capacidad puede ayudar al niño a compensar durante bastante tiempo una dificultad.
O puede ocurrir lo contrario.
Que nos fijemos tanto en los despistes, la lectura, la escritura, la conducta o los resultados académicos que no lleguemos a ver todo lo que hay detrás.
Profundizaremos en esto en otra entrada porque merece un artículo entero.
Pero hay una idea que sí quiero dejar clara:
tener una dificultad no descarta unas altas capacidades.
Las altas capacidades no son perfección
Quizá este sea el mensaje que más me interesa transmitir.
Un niño con altas capacidades puede equivocarse.
Puede no saber.
Puede suspender.
Puede frustrarse.
Puede tener dificultades.
Puede comportarse como un niño.
Y, sobre todo, no tiene que estar demostrando permanentemente su capacidad para conservarla.
No dejamos de pensar que un niño es buen futbolista porque un día juega un partido horrible.
Sin embargo, con las altas capacidades hacemos algo parecido constantemente.
«Pues hoy no lo ha demostrado».
«Pues esto no lo sabe».
«Pues en matemáticas no destaca».
Y volvemos otra vez a buscar la perfección.
¿Y si sospechas que puede haber altas capacidades?
No necesitas tenerlo claro antes de pedir ayuda.
De hecho, no tienes por qué llegar diciendo:
«Creo que mi hijo tiene altas capacidades».
Puedes llegar simplemente con una duda.
«Hay cosas que no me cuadran».
«En algunos aspectos va muy por delante y en otros tiene muchas dificultades».
«Hace preguntas o razonamientos que nos sorprenden».
«No sabemos si necesita algo diferente».
Ahí podemos empezar.
En UKEMI preferimos escuchar primero qué está ocurriendo y orientar después sobre los pasos que pueden tener sentido.
Porque no buscamos comprobar si un niño encaja en el estereotipo de las altas capacidades.
Buscamos entender al niño que tenemos delante.
¿Tienes dudas y no sabes por dónde empezar?
Si hay aspectos del aprendizaje, el comportamiento o la forma de pensar de tu hijo que te llaman la atención y no sabes cómo interpretarlos, puedes pedirnos orientación.
No necesitas llegar con una conclusión.
Cuéntanos qué estás observando y valoramos contigo cuál puede ser el siguiente paso.
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